| El monstruo |
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La tambaleante ternura apenas tocó los bellos que cubrían la piel de los gigantescos brazos, advirtió que los suyos estaban desiertos. ¡Qué sorpresa! Del formidable estómago que se inflaba frente a él se empujaban bruscos latidos; bum, bum, bum, bum... un ronquido atroz aterró a la prematura curiosidad y sin quererlo de su recién estrenada boca un grito irracional despertó al monstruo “papaaaaaaaaá”. |
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